¿Vós dónde estabas el 27 de agosto de 2015?

Avances y retrocesos, viejos actores y nuevas construcciones políticas, sueños y desencantos, continuidades, fisuras y rupturas. Un año después del paro nacional de agosto 2015 y de la renuncia-debacle de Otto Pérez Molina y el proyecto patriota (neoliberalismo militarizado contrainsurgente)[1] el país continúa refractario a análisis y proyecciones: difícilmente clasificable, aparentemente desnortado y sin rumbo.

Los referentes políticos tradicionales (actores, proyectos, modos de actuar) están profundamente cuestionados y parcialmente agotados. La crisis continúa en ascenso: no se resuelve con la salida de Pérez Molina, las elecciones, los procesos judiciales que depuran a la clase política, las reformas parciales en el actuar del Estado (sobre todo en las áreas de seguridad, salud y tributaria). Es una crisis de larga data, profunda, multidimensional y multicausal. Integra al menos estos factores:

disputa intraelitaria del poder político y económico (oligarquía, economía emergente y criminal, transnacionales, ejército),

pérdida de legitimidad del Estado (incremento de la pobreza y la vulnerabilidad, corrupción) especialmente entre clases medias urbanas, soporte conservador del sistema actual,

reposicionamiento de Estados Unidos en Guatemala y el continente, en oposición a intereses empresariales locales (incluida la economía criminal y el narcotráfico) y transnacionales. Estados Unidos integra su agenda e intereses en las disputas generales,

resistencias sociales y comunitarias, que proponen un nuevo modelo de organización y convivencia. La oposición social en comunidades y pueblos al proyecto neoliberal militar debilita el actual modelo de Estado.

Es crisis de legitimidad (falta de consensos) y una crisis del régimen[2] construido a partir de 1986 tras el fin de los gobiernos militares.

Buques insignia de este régimen (cámaras empresariales, sistema de justicia pro empresarial, ejército operando bajo la doctrina de la seguridad nacional, primacía del derecho de las empresas sobre los derechos individuales y colectivos, estado debilitado, partidos políticos concebidos como cauce para la recomposición del pacto de elites, no como intermediación social) continúan desplazándose pesadamente, aunque en las fronteras del caos: afirma el analista Edgar Gutiérrez que bailan en la cubierta mientras el Titanic se hunde. Por ello es que casi todos los escenarios de salida de la crisis (autoritario, reformas controladas, refundación del Estado) contemplan el cambio constitucional, símbolo de un cambio de régimen. La pregunta sin respuesta es a dónde nos conduce este cambio. 


Un paso atrás: deja vu o la transformación imposible

Por momentos, la cultura política retrocede décadas: por ejemplo, con el enésimo debate (o su ausencia) sobre la reforma tributaria y fiscal. Aquí, las razones en contra se repiten como letanía y el diálogo se anula a sí mismo, al obviar temas medulares como el principio de progresividad (que paguen más quienes más tienen) o el debate sobre qué modelo de Estado o de organización garantiza el ejercicio de derechos.

La continuidad de instituciones y prácticas autoritarias y excluyentes, la lenidad en el impuso de reformas políticas (electoral, tributaria, desarrollo integral, medios de comunicación comunitaria, y otras), la presión sobre el sistema de justicia para anular casos de corrupción, la continuación de la persecución a opositores, la fortaleza de grupos militares y paramilitares que pelean el control del ejecutivo, el incremento de la pobreza, refuerzan algunos de nuestros temores más consolidados, impresos en nuestra conciencia colectiva:  

La conciencia colectiva del fatalismo: a pesar de lo que hacemos, todo sigue y seguirá igual.  
La conciencia colectiva de la impunidad: a pesar de nuestros esfuerzos, los poderes históricos mantienen sus privilegios.
La conciencia colectiva de la sujeción: a pesar de lo que luchamos, el poder oligárquico, homogéneo, sin fisuras y direccionado, impondrá su agenda, cambiará para que nada cambie y continuará dominando.

El pragmatismo resignado (Andrés Pérez Baltodano)[3] que conforma una identidad y un modo de actuar (o de inacción), se actualiza y convierte en una invitación a dejar de luchar.  

Un paso adelante: la elipsis (imperfecta) de la  historia

Pero la historia, más que con continuidades absolutas y lineales, está construida a partir de interrupciones. La elipsis perfecta de la historia (aquella diseñada con regresos recurrentes al punto de partida) se quiebra cuando los argumentos transmitidos desde los poderes dominantes (Estado, clase empresarial, medios de comunicación corporativos) son contestados por personas y organizaciones con sentido crítico y otra visión de la sociedad. La impunidad se debilita o resiente, aunque no modifique (todavía) el modelo de Estado y de sociedad, así como el ejercicio de poder conocido como la vieja política.

La apertura del debate y la acción colectiva hacia temas hasta ahora tabú (más allá de la corrupción) oxigena y amplía el ejercicio democrático. Aunque de forma dispersa, se debate sobre genocidio, violencia militar, memoria histórica, transformación del Estado y el sistema. Se actúa, cada vez con mayor amplitud, a partir de un nuevo ideal de sociedad y convivencia. La necesidad de nuevas formas de organización se coloca en el centro de la política, una vez que la racionalidad dominante toca fondo.

Guatemala puede analizarse hoy a partir de las limitaciones de las acciones judiciales, la omnipresencia de la agenda e intereses de Estados Unidos o las reformas controladas que no tocan las bases del modelo. Y puede pensarse también en función de las múltiples acciones cuestionadoras de un Estado y un modelo de convivencia construidos sobre la impunidad, los silencios y los pactos de elites.

Podemos pensar Guatemala en términos de “mecanismos de repetición y acontecimientos de ruptura”, tal y como nos propone el filósofo francés Alan Badiou, estudioso de los nuevos procesos de movilización social. Este esfuerzo implica, para este autor, ver los elementos de continuidad y los “fenómenos de creación y novedad[4]. Las preguntas sobre la realidad deben entonces enfatizar los escenarios que se abren y cómo se reconfiguran actores y prácticas políticas en ellos. 


Actualidad: líneas de disputa
Modelo extractivista, desarrollado sin consentimiento comunitario y bajo la lógica de maximización del beneficio empresarial, a cualquier costo (uso de la violencia).
Resistencia social y comunitaria. Apuesta por un modelo económico, social y político de colaboración entre personas y respeto a los derechos de la naturaleza.
Vieja cultura política: clientelar, inmediatista, carente de valores, delegativa y no participativa.
Subjetividades políticas transformadoras: ciudadanía activa (estudiantes, jóvenes, profesionales urbanos) y movimientos sociales históricos en procesos de construcción de autonomías (territoriales, simbólicas, económicas, afectivas…). 

Disputas internas: fin del pacto de elites de 1985, que todavía no ha sido sustituido por un nuevo pacto. Tensiones oligarquía, economía emergente y criminal, Estados Unidos, transnacionales y gobiernos europeos.  
Propuesta de un nuevo pacto político, construido desde los pueblos.

Reducción de derechos básicos como expresión, movilización y participación.
Reducción de la democracia al ejercicio del voto.
Luchas por el estado constitucional garantista (partiendo de la Constitución de 1985 y/o un nuevo estado o forma de organización social.
Proyección: reformas/transformación del Estado (fortaleciéndolo vía garantía de derechos o debilitándolo vía constitucionalismo autoritario)[3]

Rupturas/novedades
Continuidades/repeticiones
Se quiebran líneas de impunidad: política y económica. 
Reconfiguración del modelo de dominación y el aparato estatal, construidos para el dominio de lo privado y la obtención de beneficio a cualquier costo.
Nuevos espacios para la acción colectiva y nuevos sujetos en construcción. 
Cambios hacia una nueva cultura política.
No hay cambios en el modelo económico ni en la institucionalidad estatal.  
Actores tradicionales controlan los espacios principales de poder.
Reconstrucción lenta de la ética y lo público-político.
El acontecimiento es la apertura de múltiples espacios de acción: un campo abierto de posibilidades (Badiou).
La apatía, la desesperanza y el fatalismo se conforman como cultura hegemónica.
Fuente: elaboración propia

El despertar de la indignación (luchas que abren “nuevas posibilidades de radicalizar o “democratizar” la democracia”, afirma Boaventura de Sousa Santos)[5]; la mayoría de edad política (ejercicio activo de ciudadanía) de juventudes, estudiantes, clases medias; la relegitimación en este nuevo contexto de las luchas por la transformación estructural protagonizadas por comunidades, pueblos, movimientos de mujeres e indígenas; la necesaria y todavía frágil articulación de todos los procesos anteriores, son aspectos novedosos en la coyuntura abierta en abril de 2015, que se prolonga un año después.

¿Dónde estábamos vós y yo hace un año? En la indignación, la sorpresa, la incertidumbre, las dudas, los enfados. En la reflexión, la construcción de propuestas, la alegría, el redescubrimiento colectivo y la esperanza de un país mejor. Un año después seguimos en lo mismo. Y esto apenas empieza…



[1] A este respecto, ver el análisis realizado al inicio de la administración patriota: El proyecto patriota, neoliberalismo militarista,  https://memorialguatemala.blogspot.com/p/neoliberalismo-militarista.html

[2] Crisis de régimen, retomando los análisis de Carlos Taibo sobre el movimiento 15-M en España: “A la categoría del régimen corresponden, para entendernos, el bipartidismo, la corrupción o, incluso, la disputa sobre la república y la monarquía. Lo del sistema remite, en cambio, a todas esas materias de las que no es de buen tono hablar en las tertulias al uso, sea cual sea el pelaje ideológico de las personas (?) intervinientes: el capitalismo, el trabajo asalariado, la mercancía, la alienación, la sociedad patriarcal, las guerras imperiales, la crisis ecológica”.  Carlos Taibo en Muchas primaveras para el 15-M. http://www.carlostaibo.com/articulos/texto/index.php?id=515.

[3] “El pragmatismo-resignado constituye una forma de pensar la realidad que empuja a los miembros de una comunidad a asumir que lo políticamente deseable debe subordinarse siempre a lo circunstancialmente posible". Andrés Pérez Baltodano. En Del Estado Conquistador al Estado Nación: de la  resignación a la ciudadanía. Revista Envío, Nicaragua, mayo 2004. http://www.envio.org.ni/articulo/2141.

[4] Citado en 15M. Hace cinco años empezó el futuro. Globaldebout. Artículo de Josep María Antentas publicado en www.vientosur.info/spip.php/article11295. 15 de mayo de 2016.   

[5]Boaventura de Sousa Santos (2013). Revueltas de indignación y otras conversas. Bolivia: Proyecto Alice. 



Presos políticos en Huehuetenango: cuando la dignidad interrumpe la injusticia

Andrés Cabanas, 25 de julio de 2016
La liberación de siete presos políticos de Huehuetenango, el pasado 22 de julio, representa un triunfo de la dignidad, la fortaleza y las convicciones colectivas y comunitarias: frente a proyectos y modelos económicos explotadores de la naturaleza y las personas, y frente a un Estado que prioriza el derecho a la ganancia, al costo que sea, sobre el derecho a la vida.

La liberación es también un triunfo de la solidaridad y las luchas conjuntas: centenares de colectivos y organizaciones (miles de personas en Guatemala y otros países) se involucraron en la exigencia de libertad a través de movilizaciones, cabildeo a nivel nacional e internacional, luchas jurídicas, comunicados, escritos, apoyo económico, apoyo en salud, y muchos otros, desde la primera detención colectiva de dirigentes, el 2 de mayo de 2012. En este ámbito es necesario señalar la fortaleza de familias, esposas y compañeras de vida de cada uno de los presos (incluidos los previamente liberados) que, al creer en la humanidad y la vida, al exigir el ejercicio de la justicia y la garantía de derechos, marcan una ruta de valentía y esperanza.

Estos principios y formas de acción colectiva logran interrumpir (todavía no revertir) la ofensiva estratégica de las empresas y el Estado de Guatemala sobre el norte de Huehuetenango, ofensiva que tuvo el carácter de final, en cuanto se planteó desarticular la organización a través de la captura de los dirigentes: Adalberto Villatoro, Francisco Juan, Arturo Pablo, Mynor López, Ermitaño López, Rigoberto Juárez y Domingo Baltasar, liberados el 22 de julio de 2016; Rogelio Velásquez y Saúl Méndez, liberados en enero de 2016; Rubén Herrera, liberado en mayo de 2013; Diego Juan Sebastián, Ventura Juan, Amado Pedro Miguel, Pedro Núñez, Joel Gaspar Mateo, Andrés León Andrés, liberados en enero de 2013; Marcos Mateo Miguel, Esteban Bernabé y Pascual de Pascual, liberados en septiembre (el primero) y noviembre de 2012.

Construir un nuevo contexto

Si bien los presos políticos del norte de Huehuetenango están libres, las amenazas continúan vigentes: órdenes de captura existentes contra otros dirigentes, especialmente en Barillas, San Mateo Ixtatán y Santa Eulalia; persistencia en el sistema de justicia de la concepción de derecho penal del enemigo; consideración de la oposición social y comunitaria como enemiga (seguridad interna); invisibilización de los pueblos indígenas y sus demandas. La reducción del Estado a instrumento de coerción y represión con la anulación del régimen de derechos (de hecho o legal: durante el Estado de Sitio de mayo de 2012), es un rasgo omnipresente, prácticamente identitario, en la organización política y social, que condiciona la organización comunitaria.

La sentencia de absolución dictada por un Tribunal de Mayor Riesgo, que legitima "los derechos de los pueblos originarios" , debe superar estas visiones para abrir un nuevo contexto político en el norte de Huehuetenango. En este contexto posible se anotan varios retos:

·profundizar el debate sobre los derechos colectivos y de los pueblos frente a un modelo económico y político impuesto sin consulta, contra la voluntad y la cosmovisión de los habitantes; 
·hacer real el derecho de libre determinación y las propuestas de autonomía, a partir de formas comunitarias y asamblearias de toma de decisión; 
·revisar la institucionalidad estatal y el sistema de justicia, para que cumplan el papel que, hoy, no desempeñan: ser garantes del bien común y los derechos de todos, y no un "instrumento de poder y dominación", como reconoce la sentencia del Tribunal;
· fortalecer movilizaciones y articulaciones solidarias, como apuesta frente a la atomización promovida desde el Estado y las empresas y a la cultura de imposición que impregna luchas y movimientos. 

El actual Estado, construido para perseguir, criminalizar y encarcelar a dirigentes comunitarios, para priorizar el derecho corporativo sobre los derechos colectivos, para operativizar un modelo de acumulación de naturaleza violenta, tiene que ser transformado de raíz.

El reto apasionante de la articulación


Andrés Cabanas, 10 de julio de 2016
Aunque el discurso de la articulación integra la visión de la mayoría de movimientos sociales, en la práctica se impone el trabajo tematizado y sectorial, así como las agendas propias y hegemonistas (herencia de paradigmas de cambio tradicionales). Entremedias, una cultura de falta de debate, desconfianza, centralización e imposición permea las tácticas y estrategias.

La comprensión de la articulación como sumatoria de organizaciones a partir de un centro dominante (persona, organización e idea que define el programa y las formas) dificulta la construcción colectiva. La complementariedad de visiones y esfuerzos como base de la articulación (unidad sin unicidad, Isabel Rauber), es todavía un reto organizacional. 

Articulamos (o deberíamos) visiones del mundo. Complementamos (o deberíamos) culturas políticas y espacios de lucha, reconociendo a las otras y los otros como sujetos. Las diferencias, en este ejercicio, no constituyen un problema u obstáculo: por el contrario, son alicientes para la acción común.   

En este sentido, articular no supone solamente atraer a mi espacio de lucha a otros colectivos, como mera acumulación desde lo institucional, sino el ejercicio del diálogo, la síntesis y el consenso: lo que cada uno pensamos, aportamos, planteamos, en la tensión constante entre nuestras coincidencias y nuestras diferencias. Desde la primera visión, la articulación, pongo como ejemplo, movimiento feminista-movimiento indígena-movimiento social es prácticamente imposible; desde la segunda es casi inevitable. 

La construcción del sujeto plural

La emergencia de nuevos actores y formas de ejercer la acción colectiva, la multiplicación de voces y visiones, en el marco de las protestas de indignación de 2015 que están teniendo continuidad en el 2016, favorecen al mismo tiempo que complejizan las luchas articuladas.

Este contexto rompe los conceptos sobre los que hemos construido las rutas de la transformación: un actor clave (el partido), un momento (la toma del poder), una forma (centralizada) de organización. Frente a esta concepción reductiva y finalmente simple, articular supone profundizar y complejizar nuestros análisis con visiones plurales (feministas, pueblos indígenas y otras) de sujetos múltiples.

La recuperación del tejido social pulverizado por el neoliberalismo (Ana Esther Ceceña) hace necesario construir el sujeto plural articulado que, para Eduardo Gudynas, es el conjunto de movimientos sociales que se articulan y pactan agendas y posicionamientos políticos. Este sujeto reconoce que las diferencias no son punto de desencuentro sino elementos que deben discutirse y aceptarse…Reconoce la validez y legitimidad de la diversidad de formas de articulación política, de las voces y prácticas políticas buscando en todo momento la articulación de pensamientos para construir procesos y proyectos políticos aglutinadores. Implica la posibilidad de diálogo y debate, a partir de la diversidad de puntos de partida, análisis, propuestas y luchas que se tienen desde cada movimiento.

Los cambios entre esta propuesta con muchas de nuestras concepciones y prácticas son relevantes: pasamos de la verdad revolucionaria, de la predeterminación transformadora, del sujeto histórico, del análisis cuasi estático de realidades, del centralismo, del instrumento orgánico rígido, del activismo e inmediatismo oenegero y proyectista, a una “no-verdad” construida con diferentes visiones, que propone formas de acción plurales, flexibles, dinámicas y creativas. La homogeneización como garantía para fortalecer fuerza social y disputar el poder deja paso a la dialéctica entre formas de pensar y accionar complementarias.

Este es el contexto que modifica supuestos, cuestiona tradiciones de lucha y remueve nuestras formas de actuar. Una apuesta y un desafío apasionante. ¿Nos apuntamos?

Incertidumbre, ruptura y esperanzas

Presentación en Foro Análisis de coyuntura, con énfasis en seguridad y justicia, organizado por Convergencia Ciudadana de Mujeres.
Andrés Cabanas, 16 de mayo de 2016

Divido esta presentación en tres apartados:

1.Caracterización de este momento como una coyuntura de crisis prolongada, que continúa y se profundiza después del terremoto institucional de 2015 y la celebración de elecciones el 6 de septiembre.
2. Aproximación a escenarios cambiantes, en una situación de tensión politica. 
3. Reflexión sobre retos para movimientos sociales, en el entendido de que el análisis de coyuntura o el análisis político de la realidad (que vincula el momento con los cambios estructurales) es válido si nos motiva a confrontar nuestras ideas y prácticas. No analizamos para reafirmar sino para transformar.

Crisis de régimen

En este apartado planteo que la crisis política no se agotó en 2015 ni se contuvo con la renuncia de Otto Pérez Molina y las elecciones de septiembre. Estamos en situación de (profunda) crisis-inestabilidad-ilegitimidad, no de normalidad-estabilidad-triunfo y prestigio de la nueva política (igual a Jimmy Morales).

Observamos, como síntoma de esta crisis, que durante 2016 se están produciendo cambios institucionales bruscos, igual o más relevantes que los que derivaron en la caída del gobierno de Pérez Molina y la desaparición del partido Líder como opción de gobierno a fines del año pasado. Estos cambios van más allá de personas y dinámicas concretas, y condicionan el ejercicio del poder político. Entre otros, menciono estos hechos:

-Captura de ex generales vinculados a delitos contra los deberes de humanidad durante el conflicto armado, actualmente implicados en redes de corrupción e inteligencia militar. Esta captura implica un golpe a uno de los soportes del actual gobierno, la Asociación de Veteranos Militares de Guatemala, y a estructuras de inteligencia y de acción política paralela vigentes.   
-Intervención de la empresa Aceros de Guatemala para obligar el pago de impuestos atrasados por valor de 800 millones de quetzales. La intervención administrativa representa un aviso político hacia el empresariado evasor y un recordatorio de una de las agendas pendientes de la  transición: la reforma tributaria.
-Captura de un empresario español por utilización de medios ilegales para la obtención del contrato de la Terminal de Contenedores Quetzal, lo que revela prácticas de colusión entre empresas transnacionales, operadores políticos y operadores de justicia, constituyendo también un aviso para quienes favorecen estas prácticas.
-Desarticulación de estructuras criminales dedicadas a extorsión, en connivencia con actores partidarios.  
-Posible encarcelamiento de tres miembros recién electos de la Corte suprema de justicia (el 20% de la institución), que debe alertar a otros magistrados y jueces que han favorecido negocios ilícitos e impunidad.

Observamos, además, grandes movilizaciones sociales, como la Marcha por el Agua o las manifestaciones por la refundación del Estado, promovidas por organizaciones de mujeres, sociales, campesinas e indígenas, que desmienten la hipótesis de la caída del descontento tras la renuncia de Pérez Molina e implican rearticulaciones estratégicas de actores sociales

Suceden en 2016, como sucedieron en 2015, hechos que no habíamos anticipado y que, de tanto que nos fueron negados, empezábamos a no desear. Estos sucesos apuntan a la reconstrucción de la ética pública perdida y a la profundización de las movilizaciones de todo tipo.

Esta crisis en proceso tiene condicionantes, actores y espacios de disputa:

1.El papel activo y/o injerencista de Estados Unidos, en el marco de la seguridad hemisférica y la consideración de Guatemala (la Guatemala de la corrupción, la trata de personas, el narcotráfico y el Estado ilegítimo) como amenaza a su seguridad nacional.
2. La recomposición del pacto de elites, tras el quiebre del pacto operado por el Partido Patriota desde el ejecutivo y el pacto de impunidad durante el juicio por genocidio.
3. Las disputas entre actores de poder: Ejército, Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras, Cacif, embajada de Estados Unidos, transnacionales, economía criminal/emergente/oligarquia. 
4. La aparición de nuevos actores y demandas (urbanas, estudiantes, clases medias), que conlleva la recuperación y legitimación de la participación política y la búsqueda de una nueva cultura política.
5. La continuación de las luchas en defensa del territorio, los bienes naturales y la vida, por parte de organizaciones y sujetos históricos, fundamentalmente territoriales.

La multicausalidad de los conflictos, los actores en tensión, la deslegitimación del Estado, definen la crisis del régimen constituido a partir de la Constitución de 1985. Este régimen, pactado por las élites con concesiones mínimas al campo popular, no da más de sí: es cuestionado desde los márgenes por los sectores sociales, y ni siquiera garantiza la gobernabilidad desde el punto de vista de las elites (por ello el inicio oficial del proceso de reformas constitucionales).

Escenarios

No existe en el futuro inmediato una salida única para esta crisis, ni una hoja de ruta diseñada y ejecutada desde un solo actor: el reacomodo o los intentos de reacomodo y reconfiguración desde el poder no son lineales ni controlados, así como tampoco lo son las posibilidades de transformación desde los sectores populares.

Un escenario pasa por la reconfiguración autoritaria o neoconservadora, hacia un régimen legal y constitucional de mayor reducción de derechos y del Estado. En este escenario, con dinámicas de control militar, ubicamos la figura del Presidente, el partido gobernante, sus asesores militares, tanques de pensamiento ultraliberales (Universidad Francisco Marroquín), empresarios tradicionales como la familia Gutiérrez y el sector aglutinado en la Fundación para el Desarrollo (FUNDESA), según el análisis exhaustivo realizado por El Observador.

En un segundo escenario se abordan reformas políticas controladas, que tienen el objetivo de recuperar legitimidad del Estado y por tanto control territorial y poblacional. Las reformas mínimas son operadas por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), Ministerio Público (MP), Ministerio de Gobernación y Superintendencia de Administración Tributaria, y afectan a aduanas, administración tributaria, seguridad y justicia. En este escenario ubicamos actores del ejecutivo con un margen de autonomía respecto al Presidente y a su partido, generando una especie de gestión gubernamental paralela. Las reformas legales y constitucionales en seguridad y justicia se inscriben en este escenario de reformas controladas.

Un tercer escenario (con posibilidades de acuerdos coyunturales y diálogo con el anterior) considera la adopción de medidas estructurales y cambios de raíz, en el entendido que la crisis no es coyuntural y la Constitución de 1985 no debe ser sustituida por un nuevo pacto de elites. Se debate sobre el modelo extractivo y la plurinacionalidad, es decir, la necesidad de una organización estatal y social que responde a la existencia de pueblos con identidad y formas organizativas propias (autonomía). Este escenario es promovido por organizaciones y luchas históricas, y por sectores urbanos que propugnan una radicalización de la ciudadanía y la democracia.

Retos y rutas de acción

¿Cuáles son nuestros retos en este contexto de cambios, donde todo se mueve pero en ocasiones parece que no cambia nada? En primer lugar, debemos ubicarnos en una situación de ruptura, entendiendo ésta como proceso plural, que se da en múltiples ámbitos: ruptura con la linealidad en el ejercicio del poder impune, ruptura con la mediocridad, ruptura con la apatía y el conformismo, ruptura con la desesperanza. Esta ruptura no niega, sino que entra en tensión, con las continuidades estructurales y los riesgos de reconfiguración del esquema tradicional de poder.

Un segundo reto es asumir con humildad que no tenemos todas las respuestas: mucho menos, cuando nos obstinamos en recurrir a marcos de interpretación tradicionales, excesivamente lineales, construidos para realidades estáticas, sobre variables fijas, inhábiles para esta coyuntura desbordante que contradice supuestos, invalida hipótesis y destruye categorías de análisis. La consciencia de nuestros límites es una característica positiva, opuesta a la arrogancia del que todo sabe y así actúa.

El tercer reto es no permanecer indiferentes, a la expectativa, atrapados en el pesimismo o fatalismo, ese pragmatismo resignado (Andrés Pérez Baltodano) que parece indicarnos que nada va a cambiar y que la agenda de los poderosos se impone siempre.

El siguiente reto implica reflexionar, retroalimentar, debatir, revisar nuestras concepciones y prácticas. Entre otros, sobre algunos tópicos que se han revelado como tensiones o nudos para las movilizaciones sociales durante esta coyuntura: cómo articulamos lucha institucional y lucha social, partidos y movimientos; cuáles son los límites de la política estadocéntrica, aquella que pone el Estado como centro, que es instrumento y fin; cómo entendemos el poder: momento inaugural o construcción permanente. 

Quinto reto, integral y abarcador: la articulación, que no pretende pegar o amontonar siglas de organizaciones, sino:

articular lo inmediato con lo estratégico,
articular visiones del mundo, sus sujetos y actores,
complementar identidades, culturas políticas, espacios de lucha,
fortalecer las diversidades
vincular luchas urbanas y rurales.

El esfuerzo (vocación y apuesta estratégica, según Isabel Rauber) de la articulación implica construir caminos de diálogo y capacidad de escucha, priorizando consensos sobre imposiciones (aunque sean de mayorías representativas).

Por fin, el último reto es, siguiendo a Edgar Morin, la construcción de estrategias para moverse en la incertidumbre, fortaleciendo el pensamiento complejo, huyendo de las consignas, las recetas, las fórmulas hechas, los finales felices o cualquier final. Supone adoptar la pedagogía de la pregunta (José de Souza Silva) frente a la pedagogía de la respuesta: crítica y autocrítica permanente, fomento de la curiosidad y la creatividad política.

Nuestro empeño no transita, dice Zibechi, con paso seguro, en sendas despejadas y, de ser posible, rectas, lineales, acumulativas. Por el contrario, el horizonte y el futuro (también el hoy) es otro: hurgar en las miles de brechas y grietas abiertas por la resistencia al capitalismo, re-conocer las menores briznas de rebeldía, sentir, vivir las fisuras existentes en la cotidianeidad de la dominación para, partiendo de ellas, intensificarlas, expandirlas, multiplicarlas, sin dirigirlas ni fijarles metas desde afuera.

No es sencillo, pero es posible si lo hacemos juntxs. 

La Marcha por el Agua y la coyuntura de cambio

“El trompo del cambio social está danzando. No sabemos durante cuánto tiempo ni hacia dónde. Quizá la mejor forma de impulsarlo sea la de imaginar que nosotros mismos somos parte del movimiento: girando, danzando, todos y cada uno. Ser parte, aún sin tener el control total del destino final” (Raúl Zibechi).

Sabemos donde comenzó, un 11 de abril, la Marcha por el Agua, la Madre Tierra, el Territorio y la Vida, y a qué punto llegó el día 22, tras doce jornadas de camino. Sin embargo, no conocemos de modo exacto lo que sigue: tendencias, actores, relaciones, conflictos, posibilidades de avance o retroceso.

La Marcha, al cuestionar las agendas dominantes y plantear nuevas actorías y escenarios, trasciende una actividad puntual y una demanda específica, y se convierte en una inserción masiva y un rompimiento en la actual coyuntura. 

¿Hacia dónde apunta este rompimiento? Propongo dos ámbitos de reflexión.

La Marcha en su recorrido desde la Mesilla hasta Huehuetenango
1. Momento de ruptura 

La Marcha irrumpe en el tiempo político de las anécdotas y las moralejas (personificado en el presidente Morales) y en la coyuntura de disputas y reacomodos de elites: juicios y antejuicios, depuración contenida de la institucionalidad corrupta, reformas limitadas del Estado, nuevo pacto (intraelitario) de poder. Con la Marcha como centro, comunidades, pueblos y organizaciones sociales proponen un nuevo pacto desde abajo o con los de abajo, que construya otra racionalidad política (aquella en la que las instituciones y las leyes sirven sí y sólo sí responden a deseos y propuestas de la población) y otra forma de organización social y económica.

Este es el planteamiento estratégico de la Marcha, que vincula lo inmediato con el largo plazo: la lucha articulada contra un sistema mercantilista, insolidario, individualista, con gran potencial de destrucción, que es necesario transformar y sustituir por un modelo que preserve, reproduzca y produzca nuevos ciclos de vida en armonía. Esta propuesta, recogida en la Declaración de los pueblos de Iximulew sobre los derechos a la Vida, de la Madre Tierra, al Territorio y el Agua, la primera Resolución del Congreso Popular, Plurinacional y Multisectorial, y el Balance realizado por la Asamblea Social y Popular (1), es asumida de forma natural por diversos sectores. 

La Marcha constata las consecuencias de la imposición de megaproyectos y la mercantilización de los territorios y bienes de las comunidades: se reciben denuncias por robo, desvío y apropiación privada del agua, con graves efectos en sequía, calor extremo, alteración de los ciclos de las cosechas, contaminación, falta de alimentos, enfermedades.

Las comunidades se suman a las demandas: recuperación del paso de ríos, consideración del agua como bien y no como mercancía, derecho de los pueblos a decidir en sus territorios. A la vez, los caminantes son conscientes de nuevas realidades planteadas por las comunidades, lo que genera un proceso de acción política colectiva que no tiene dueño, porque es de todos.

Se retoman planteamientos y propuestas desoídas durante años por los poderes estatales, y se generan nuevas demandas y alternativas en el diálogo marcha-sectores sociales-comunidades, que comienzan a construir una ruta de acción, a partir de:

- Exigir la recuperación de nacimientos, ríos, lagos, lagunas y costa marina, y entablar procesos penales contra los responsables de la contaminación, robo, desvío y apropiación privada del agua y otros bienes.
- Denunciar y rechazar la criminalización y persecución contra el liderazgo campesino, indígena, social y popular, al tiempo que se lucha por la libertad de todos los presos políticos y el fin de la persecución política.
- Aportar a la toma de conciencia del pueblo guatemalteco sobre las políticas y actividades económicas que impactan negativamente la madre tierra, el agua y la vida de todos los seres vivos. 
- Fortalecer la articulación, lucha y coordinación en la defensa del agua, tierra, alimentos y territorio.
- Agenda estructural: cambiar de raíz este Estado y este modelo de despojo (ver declaraciones políticas de la Marcha). 


Así, el camino de la Marcha es el camino y el momento de la ruptura, entendido como aquel en que el pueblo delimita el poder del Estado y el poder de los actores políticos y económicos, y define su ámbito de acción: la profundización de las luchas hacia la transformación del Estado y del modelo económico y político. 

No obstante, no son lineales ni de una sola vía los caminos de esta ruptura, y la misma no se traduce de inmediato en cambios legislativos o del accionar institucional. El futuro, a partir de un presente inestable, está en construcción. En el camino, los logros se mezclan con las tensiones (sobre todo con la institucionalidad del Estado y el sistema de partidos), el largo plazo con el deseo de cambios expeditos, las ilusiones con la realpolítica.

2. Construcción colectiva y aprender a movernos juntos 

Aunque la Marcha es promovida (en su realización y seguimiento) por un colectivo de organizaciones (Asamblea Social y Popular), solamente tendrá continuidad como fuerza política creadora y rupturista en alianzas y con la participación de multitudes. 

La fuerza del caminar de miles de personas abre espacios de articulación. Se vinculan luchas de comunidades y sectores: urbanos y rurales, indígenas y no indígenas. El nuevo ambiente político (las movilizaciones de 2015 marcan un punto de inflexión en el desinterés por la política y  la indiferencia de la población urbana) fortalece las propuestas de la Marcha. La Marcha dinamiza la denuncia y participación.

Este potencial rearticulador es abrumador. Se multiplica la conciencia política y por tanto los espacios para la acción: todavía no delimitados, alegremente confusos, convenientemente inciertos. 

Para multiplicar esta articulación es preciso recuperar lo que el capitalismo y neoliberalismo (y la idea de hegemonía y proyecto único que todavía orienta horizontes transformadores) nos limitan: los pensamientos plurales, el diálogo y el consenso, la diversidad como fortaleza, la construcción colectiva, la creatividad. Al tiempo que se precisa una organización estructurada y un programa guía, son imprescindibles la imaginación y la implicación de actores y culturas políticas diversas. 

Es un reto, al que personas como Poncho Porres (2) dedicaron toda su sabiduría política, pero no es sencillo. Para trascender el modelo actual y su racionalidad agotada, para convertir el pacto de elites en un pacto de los pueblos, para transformar la Marcha en movilización permanente, necesitamos reconstruir y fortalecer el espíritu y la voluntad de movernos juntos como un gran río, sin caminos predeterminados, a partir de nuestras diferencias. 

Notas
1. El despojo y la mercantilización del agua provienen de un modelo de acumulación y una concepción de la vida donde lo importante es tener y no ser. En el medio y largo plazo es necesario cambiar este modelo y construir nuevas formas de organización y relación que sustituyan la disputa y la competencia: en solidaridad, equilibrio y complementariedad. Para profundizar en estos y otros planteamientos de la Marcha, consultar la página web de la Asamblea Social y Popular, www.asambleasocialypopular.org.
2.  Antropólogo, poeta, cineasta y articulador social. Falleció cuando la Marcha por el Agua cumplía la mitad de su recorrido.